Vicenta quemó la ropa de su hija Camelia inmediatamente después de enterrarla. Sus nietas, de ocho y diez años no le perdonaron este acto que consideraron despiadado, ya que no pudieron conservar algo que les recordara la esencia de su madre. Dos años después murió Ambrosio, la última pareja sentimental de Camelia, y por todo el pueblo corría el rumor ‘le dio la enfermedá esa…el sida’… de esta manera quedaba claro el panorama: Camelia había padecido lo mismo…
Al perseguir el sueño americano, los mexicanos dejan de lado la precaución en todos los sentidos, la sexual, sobre todo; situación que pone en riesgo la salud para este sector, ya de por sí vulnerable, y lo hace presa de un padecimiento con el que los migrantes llevan todas las de perder: El Sida, enfermedad que a pesar de tener tantas investigaciones por delante, sigue siendo tratado con ignorancia en las regiones de origen de los migrantes.
Los mexicanos que cruzan la frontera están expuestos al contagio. De hecho, una cuarta parte de los casos de Sida que se presentan en México se da entre personas que han estado por períodos prolongados en Estados Unidos. Asimismo, las estadísticas reportan que en México hay una tendencia a la ‘ruralización’ de la enfermedad que puede estar ligada a la migración, sobre todo de hombres.
Hoy se sabe que el primer caso de VIH reportado en nuestro país correspondió a la ciudad de México, en 1983. Tres años después (1986), se dio a conocer el primer caso de VIH en el área rural. En año se notificaron cinco casos más. Para 1995, del total de casos (19,090), 25% tenía antecedentes de haber viajado temporalmente a Estados Unidos, contra 6.1% de los casos urbanos.
Los migrantes en Estados Unidos, aunque escuchan y saben que la enfermedad existe, pocas veces toman medidas al respecto. Fundaciones que se dedican a investigar la enfermedad entre las comunidades latinas en EU detallan que los migrantes contraen sida es porque no se cuidan. Más tarde llegan a México a retomar las relaciones con sus mujeres u hombres, quienes confían plenamente en ellos sin pedirles protección alguna y de esa forma expanden el virus.
Quienes contraen la enfermedad son, en su mayoría hombres solos en edad activa laboral y sexual que se exponen a la experimentación de prácticas sexuales con mayor riesgo para la adquisición del VIH. Tras contraer la enfermedad regresan son sus parejas, y se convierten en el vehículo ideal para iniciar una cadena de contagio.
Asimismo, un factor favorable para expandir la enfermedad es que en las comunidades se siguen dejando llevar por los mitos más comunes, por ejemplo, que la enfermedad sólo le ocurre a los homosexuales, a las sexoservidoras e incluso siguen pensando que la enfermedad se transmite por el uso de los utensilios para comer.

Ante esta situación, yo he tomado una decisión: He decidido regalar condones a todos. Foto: Notimex.
Otro posible factor que puede incrementar la vulnerabilidad al VIH de migrantes mexicanos es que las trabajadoras sexuales estadounidenses que trabajan con esta población y que tienden a cobrar menos por sus servicios, utilizan drogas inyectables con mayor frecuencia.
Ahora bien, aunque en las comunidades rurales exista conocimiento de la enfermedad no existe una cultura de prevención, por ejemplo, las mujeres no usan condón con su pareja aún cuando sospechan que el comportamiento de su pareja en los Estados Unidos podría representar un riesgo para la infección con VIH para ellas.
Ante esta situación, yo he tomado una decisión: He decidido regalar condones a todos. A mis amigos, a mis hermanos, a mis primos, a mis tíos, tías, vecinos, vecinas, etc. pero no sólo eso, cada vez que se los entregue les diré para qué y por qué es necesario que los usen. Después de todo, Todos tenemos un migrante en la familia, pero sobre todo, un migrante que no conoce a fondo cómo prevenirse de esta enfermedad.

